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martes, 21 de junio de 2016

La real historia detrás del Conjuro 2

Fue conocida como la como “la casa de los extraños sucesos” y ahora, la podremos ver en la gran pantalla. Estamos hablando de “Expediente Warren: El caso de Enfield (también conocida como The Warren Files 2)”, dirigida por James Wan y protagonizada por Patrick Wilson y Vera Farmiga. Secuela de la película de terror Expediente Warren (The Conjuring) estrenada en 2013, esta nueva entrega se centra en uno de los casos más sobrenaturales más famosos de la historia, el Poltergeist de Enfield.

Toda una nación se quedó desconcertada con la historia de una joven que fue poseída por un demonio en su casa de Londres. Por no hablar de los fenómenos sobrenaturales bien documentados, que incluían extrañas voces, objetos lanzados por fuerzas invisibles, muebles moviéndose por sí solos o cambios bruscos de temperaturas. Y mientras que algunos consideraron que solo se trataba de un engaño, otros aseguraron que fue uno de los casos mejor documentados de actividad sobrenatural hasta la fecha. ¿Qué es lo que ocurrió realmente en esa casa de Enfield?

El primer encuentro

La historia de terror de la familia Hodgson comenzó en agosto de 1977 en su casa de 284 Green Street, Enfield, Inglaterra. Janet, entonces de 11 años, y su hermano Johnny, 10, escucharon unos extraños ruidos en su habitación antes de ver como un gran mueble se desplazaba por si solo por la habitación. Penny, una madre soltera con cuatro hijos a su cargo, se quedó estupefacta por los acontecimientos, pero por desgracia sus experiencias estaban lejos de terminar. Después de esa noche, comenzó una verdadera pesadilla.

Testigos de lo imposible

No sólo un agente de policía que visitó la casa fue testigo de los sucesos sobrenaturales, y quien firmó una declaración jurada para confirmarlo, también el investigador paranormal Maurice Grosse fue otro de los testigos. Hizo varias grabaciones de los eventos paranormales dentro de la casa y algunos de ellos se emitieron como parte del documental de la BBC, donde se podían ver luces encendiéndose y apagándose por sí solas, y una zapatilla atravesando uno de los cuartos por el aire.

Los vecinos de la familia Hodgson, Peggy y Vic Nottingham, también experimentaron fenómenos en la casa. El matrimonio dijo a la BBC que escucharon fuertes golpes pero que no pudieron averiguar de dónde procedía el ruido, así que decidieron llamar a las autoridades para que investigaran. Peggy dijo que fue testigo de cómo un charco de agua apareció de la nada mientras estaba de pie en la cocina. También vio como la puerta del baño se abría por su propia cuenta y como la escobilla de baño entraba en el interior del inodoro.

John Burcombe, el hermano de Penny, también fue otros de los testigos de los inusuales sucesos. Dijo que una noche cuando fue a ver a sus sobrinos a la habitación, se encontró con Janet sobre un mueble con una pierna apoyada en la pared y completamente dormida.


¿Por qué Janet?

En el documental de la BBC, Janet, entonces de 14 años, fue víctimas de las supuestas entidades y parecía tener cambios de voz. Como informó el The Telegraph, los peores sucesos ocurrieron en la edad adulta de los jóvenes. El día en que Janet comenzó su ciclo menstrual, dos meses después la actividad sobrenatural alcanzó su punto máximo.


El fantasma de Bill Wilkins

Como muestra la película, Janet parece estar controlada por un señor mayor llamado Bill Wilkins. Los informes sostienen que Wilkins era un hombre de 70 años que había muerto en la casa. Según Daily Mail Online, Wilkins habló a través de Janet y reconoció haber muerto en una silla de la planta baja.

“Justo antes de morir, me quedé ciego, luego tuve una hemorragia, me quedé dormido y morí en la silla de la planta baja”, se podía escuchar en una de las grabaciones.

Terry Wilkins, el hijo del viejo Bill, confirmó la información de la muerte de su padre. El investigador paranormal Grosse también fue capaz de obtener grabaciones de las conversaciones con el espíritu. En uno de los vídeos, el investigador le pide al poltergeist que llame dos veces para confirmar su presencia en la casa, y así lo hizo. El espíritu confirmó que murió “hace más de 50 años” dentro de la casa. El espíritu también dijo no ser feliz, aunque no tenía un mensaje especial para compartir y simplemente disfrutaba torturando a la familia. Cuando se le pidió que saliera de casa, se negó.


Los Warren

Los investigadores paranormales Ed y Lorraine Warren, protagonistas en la película, fueron capaces de grabar las voces. En una de sus cintas se podía escuchar balbuceos ininteligibles y que se incluye en un especial de Expediente Warren: El caso de Enfield, y que puede ver a continuación. En todo momento Lorraine sintió que debía de ayudar a la familia.

Fuente: mundoesotericoparanormal.com

viernes, 17 de junio de 2016

Una noche en una casa del terror en Caquetá, Colombia.

A las once de la noche llegamos con nuestro corresponsal a La Casa de Los Espantos, una vieja mansión construida por un italiano en los años 60, entre el Colegio La Salle y el barrio La Consolata de Florencia. Llegamos atraídos por la múltiples historias de miedo que circulan por la ciudad, según las cuales, el sitio, además de tenebroso, es el refugio de muchos espantos, entre estos la niña que a los quince años se casó con el italiano que por esa época llegaba a los 75. Cuando se comenzó a construir la casa, allá por los años 60, época en la cual aún no se terminaba la construcción del Colegio La Salle, la vivienda llamó la atención de todo el mundo, por su modelo y, en ese entonces, excéntrica fachada, que no tenía parangón con las mejores casas de Florencia; era algo así como un palacete que contrastaba con las casonas de bahareque de los patricios que por esos años eran los protagonistas de la vida de la pequeña villa.
Una noche en la casa del terror del Caquetá
El propietario era un italiano muy allegado a los curas de La Consolata, un personaje excéntrico que no hablaba español y solo se comunicaba con sus paisanos en esa jeringonza extraña que los niños escuchábamos con admiración y los adultos con displicencia, para no mostrar ante los menores su admiración por el extranjero.
De pronto la noticia se convirtió en un reguero de pólvora; “La Muñeca”, una viejita hermosa que se caracterizaba por ser la chismosa del pueblo, comenzó a anunciar de puerta en puerta: “se casa el gringo, se casa el gringo del palacio de La Salle, se casa con la princesita de la finca de Don Edolio, pobre muchachita, pasto biche  para el viejo verde…”
Y así fue…a los pocos días la Catedral Nuestra Señora de Lourdes se engalanaba para el matrimonio del italiano y la princesita, una niña de escasos 15 añitos, poseedora de una belleza y una dulzura angelical que tímida se asomaba a unos ojos inmensamente verdes como los poemas de Neruda.
Y se casaron, y todos los chismosos del pueblo fueron a la Misa y todos los personajes importantes, en especial las chismosas de la época se quedaron con los crespos hechos porque no fueron invitados a la recepción que se hizo en la casa de marras; allí solo fueron los curas y desde entonces, solamente una vez se vio a la niña salir de la casa con su marido y eso fue en la navidad siguiente para asistir a la Misa de Gallo; desde entonces nadie la volvió a ver y el pueblo se acostumbró a ver al italiano haciendo mercado solitario, sin hablar con nadie, escasamente señalando los artículos que compraba.
Todo eso pasó por mi cabeza en unos segundos mientras llegamos a la vieja casona con la intención de pasar allí una noche para desvirtuar los constantes rumores de espantos y cosas por el estilo…Unos vecinos nos abrieron la puerta y armados de linterna y cámara fotográfica entramos.
El aire era frío, con ese frio pegajoso que tienen los muertos, la puerta chirrió cuando la vecina la cerró mientras se echaba la bendición y nos miraba con la lástima con la cual se mira al condenando a la guillotina…todo olía a viejo, a yerto, a tierra mojada, los pisos estaban en tierra, no se parecían en nada a los lujosos pisos de su época dorada, las paredes sucias, llenas de rayas y señales extrañas, los baños aún conservaban sus lavamanos y sus tazas…todo era silencio, ese silencio sepulcral que nos dice que algo grave va a suceder.
Cuando llegamos a la entrada de un sótano, instintivamente miré el reloj. Iban a ser las doce de la noche, todo estaba oscuro, la entrada estaba negra, con esa oscuridad inmensa que tienen los túneles sin fin de que nos hablan las novelas de espanto.
Alumbramos la entrada: apenas cinco escalones en cemento. Nos miramos como dándonos valor para entrar, cuando escuchamos el ruido, provenía del sótano, era algo así como un quejido doloroso, como si a alguien lo estuvieran torturando…
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Indecisos, comenzamos a descender los escalones, siempre con las linternas apuntando al fondo tratando de descubrir algo. Un ruido extraño, como de alguien cuya garganta le silbaba trabajosamente, nos puso los pelos de punta. Alumbrábamos a todos lados, hasta donde el haz de luz de nuestras lámparas llegaba, sin encontrar nada, absolutamente nada. El suelo era pegajoso y los zapatos se nos pegaban a cada paso. De repente, como en las películas de suspenso, la luz apareció.
Era un punto de luz azul, como una luz láser estática al fondo del sótano, un punto diminuto que brillaba intensamente como el ojo del cíclope de las aventuras de Ulises en La Odisea. La luz no dejaba de brillar y el ruido no cesaba; por el contrario, uno y otro aumentaban en intensidad mientras nos dirigíamos al final de la habitación.
Entonces, comenzó la locura: decenas de luces de colores  en forma de pequeños círculos aparecieron por todas partes sin saber de dónde venían o qué las producían; recorrían las paredes, el piso negro y húmedo color de sangre quemada; se paseaban por nuestros rostros terriblemente asustados haciéndonos ver como náufragos en una discoteca inmensa, y entonces, a pesar de los nervios que nos hacían temblar como chinos regañados, nuestro equipo comenzó a grabar y a tomar fotografías.
Nunca había creído en espantos, me consideraba invulnerable a cualquier patraña que se presentara. Pero debo confesarlo: estaba asustado, terriblemente asustado y más cuando la intensidad del ruido aumentaba y nos causaba dolor en los oídos.
Dirigimos nuestras linternas a la esquina donde creíamos que provenía el ruido y no nos equivocamos. Allí estaba: era negro, inmensamente negro como esa noche aterradora y tenía un solo ojo.  Sí, sé que no lo van a creer, tenía un solo ojo y por allí se filtraba el ruido que casi nos enloquecía. Era una abertura siniestra entre el sótano y la parte trasera de la casa; una hendija prolongada que comunicaba con el patio de la casa, justamente a la salida hacia la loma donde está el colegio y de donde normalmente el viento sacude las casas del lugar.
Pero las luces ¿De dónde salían las luces? Y la luz azul que vimos al comienzo comenzó a oscilar entre el techo, las paredes y el piso: era como si alguien nos estuviera enseñando algo con un láser. De pronto la luz se paró en el piso, exactamente en una esquina del sótano, se detuvo y comenzó a dibujar repetidamente un círculo en el mismo punto. Indudablemente nos quería mostrar que allí se escondía algo.
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Entonces el ruido cesó por completo. Se hizo un silencio enorme y sepulcral que se podía cortar con los haces de claridad de las linternas. La luz continuaba dibujando un pequeño círculo en el piso mientras las otras luces desaparecieron como por encanto. Y entonces la escuchamos: su llanto llegó nítido a nuestros oídos: era el llanto lastimero de una niña, y era de una niña porque sonaba inmensamente femenino y al mismo tiempo desgarrador. Era como estar presenciando la tortura de un infante a manos del monstruo de los mangones.
Nos miramos como se miran las ánimas en la oscuridad: tétricos y lívidos. Parecía que la sangre había desaparecido de los rostros mientras se nos erizaba hasta el último milímetro cuadrado de la piel. Los gritos aterradores de la niña cortaban como dagas el ambiente y nuestros nervios a punto de estallar nos ordenaban que corriéramos como desesperados. De pronto, todo volvió a quedar en silencio, un silencio frío como las despedidas en un cementerio.
No hallábamos qué hacer cuando decidimos investigar qué había en el círculo que trazaba la luz en el piso. Lentamente nos agachamos y comenzamos a palpar cerca, muy cerca, un piso pegagoso y algo caliente. Pero mi amigo más precavido sacó del bolso un frasquito con agua bendita y lo regó en todo el centro. El agua chirrió como si hubiera caído en medio de un incendio y se evaporó mientras un quejido aterrador se escuchó por el lugar: era el grito desesperado de alguien que estaba sufriendo un dolor inenarrable.
Casi salimos corriendo; sacamos fuerzas de donde no las teníamos, temblando de miedo y con las cámaras y las linternas apuntando el círculo. Nos acercamos temerariamente hasta tocar de nuevo el piso húmedo y pegajoso. Entonces el llanto cesó por completo y el silencio volvió a hacer nido en el ambiente.
A pesar de ese miedo inmarcesible que teníamos, nos acurrucamos para examinar mejor el lugar. El círculo láser que aún no había desaparecido señalaba exactamente un punto de unos 10 centímetros de diámetro, que sobresalía unos milímetros del piso. Entonces mi compañero hundió su navaja en el lugar hasta que encontró algo metálico: era un anillo de hierro, la llave de entrada de algo que estaba enterrado.
Ayudados por la navaja, hicimos palanca por los lados del anillo tratando de desprenderlo para buscar la forma de sacarlo a la fuerza, mientras el lugar se inundaba con un quejido lastimero, muy doloroso: era una niña sollozando porque el tono de voz era inmensamente femenino, tanto así que las fibras del alma se me arrugaban como papel de seda al contacto con las llamas.
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Nuestros esfuerzos resultaban vanos. Por más que hacíamos fuerza, el anillo no se despegaba ni un milímetro del piso. Era evidente que necesitábamos herramientas, una palanca de hierro al menos…
Jadeando por el esfuerzo nos pusimos de pie y nos alumbramos las caras para saber qué semblante teníamos. Parecíamos zombies de una película mexicana, sin color y sin sabor como dirían las abuelitas.
Discutimos hasta que nos pusimos de acuerdo. Al día siguiente vendríamos de nuevo mejor preparados, con mejores herramientas y decididos a desenterrar el misterio. ‘Puede ser una guaca’, decía mi amigo y nuestra corresponsal que hasta esa hora había estado muda, sentenció: ‘tiene que ser la tumba de la entrada de la niña y nos está quedando grande hallarla, tenemos que volver’…
Entonces escuchamos la carcajada: era la carcajada de un asesino que se estaba gozando el sufrimiento de sus víctimas; era la risa miedosa de un monstruo de crueldad cuyos espasmos se colaban sin pedir permiso por nuestros poros; era un grito de victoria, de gozo satánico ante el fracaso de los intrusos. De inmediato saqué fuerzas de quién sabe dónde y lo increpé: ‘Maldito, hijo del Demonio’ le dije, ‘quién eres, qué haces, qué quieres’…
La carcajada se hizo más intensa. Era como una desalmada tormenta azotando los temores de tres mortales indefensos. Pero de pronto calló y entonces escuchamos algo casi imperceptible: algo que no esperábamos, algo del otro mundo, una voz increíblemente tierna y delicada que apenas alcanzó a susurrarnos.
Muy débilmente, como algo lejano, una voz tan delicada como el abrazo de la brisa, una voz a la cual apenas le entendíamos algo así como “ayúdenmeeeee…” llenó el ambiente.
 Ya en esos momentos el miedo era tan viral, que nos había perforado los huesos y nos había llegado a las profundidades del alma; no había otro camino, salir, salir de allí a como diera lugar y eso hicimos.
 Cuando salimos había una romería frente a la casa, incluso algunos traían palas; como siempre la avaricia y el afán por hacer dinero fácil, era el común denominador de muchos de nuestros lectores; eso nos dolía porque a decir verdad, a pesar de lo escéptico que he sido, algo había en esa casa fuera de lo común y no era precisamente un tesoro.
 Volvimos a las 12 de la noche del viernes 10 de Junio de 2016, nuestra periodista encargada de grabar cualquier cosa en su celular, el camarógrafo y yo, algo nervioso pero decidido a llegar al final de la historia.
 Tres chicos y una chica, que se autoproclamaba incrédula, estaban en la puerta como esperándonos; ¿ustedes son los periodistas? Nos dijeron, ¿podemos acompañarlos? Somos síquicos y queremos constatar qué pasa aquí.

Apenas entramos a la sala, el frío se hizo más intenso que de costumbre, como si estuviéramos en la cueva invernal de un oso polar; los síquicos iban adelante como buscando algo que no podían encontrar; nuestra compañera grabando al mismo tiempo que decía que todo se le movía y el camarógrafo se adelantó unos pasos para hacer unas tomas generales cuando escuché el grito y el totazo en el piso; al alumbrar la periodista estaba en el suelo gritando asustada como si hubiera visto al propio canchilas; me pegó en el pecho decía, y a continuación nos dijo atropelladamente que cuando grababa, unas manos muy delicadas la habían levantado y la habían arrojado al piso.
 En ese preciso momento la chica incrédula gritó: ‘me pegó, me pegó’, y sin esperar nada salió del lugar como volador sin palo.
 Una fetidez terrible se apoderó de la casa, el frío se hizo mucho más intenso y entonces uno de los chicos se adelantó unos pasos y de pronto empezó a gritar como poseído; honestamente no sabía si era teatro o si de verdad estaba en una especie de trance…en ese preciso momento y sin saber por qué, recordé el apellido del italiano de la historia, BRUSA, el hombre de 75 años que construyó esa casa para llevar a vivir a la niña de 15 años con quien se casó gracias a su fortuna.
 El trance del chico pasó poco a poco, nuestra compañera estaba temblando terriblemente y yo estaba más asustado que el día que me casé; entonces decidimos salir y ya en la calle los chicos nos dijeron:
 Aquí no hay ninguna guaca ni algo por el estilo, esos huecos que han hecho buscando supuestos tesoros solo han contribuido a deteriorar aún más el lugar, pero en la casa hubo cosas terribles, así lo sentimos, aquí torturaron gente, violaron niñas, incluso descuartizaron seres humanos; el espíritu que queda y que tumbó a la periodista es de una niña en pena, posiblemente la esposa del italiano que no sabemos por qué está penando, pero es ella, percibimos hasta su aliento, y ella no quiere que venga gente al lugar, por eso atacó, ella está esperando el tiempo de su pena…
Considerando estas razones que nos parecieron lógicas, de acuerdo a nuestras propias experiencias y no queriendo intervenir más en una historia que no parece tener final, decidimos terminarla aquí, aportando un video sobre lo que nos aconteció la última noche y a la espera de la posible publicación de un libro, para lo cual tendremos que investigar mucho más.
Fuente: las2orillas.co

viernes, 3 de junio de 2016

OVNI en Ohio, Estados Unidos


Con una extraordinaria claridad, un misterioso OVNI ha sido filmado en Ohio (EE.UU.) y más concretamente cerca de la base militar de Wright-Patterson (Dayton), recordemos que en esa base militar desde hace años se sospecha que se tienen almacenados cuerpos de seres extraterrestres según algunas fuentes.

En dicha filmación, aparece nítidamente un extraño objeto de color azul que se va desvaneciendo con las nubes, el objeto parece tener formas afiladas.

Algunas personas parecen comentar que la filmación corresponde a un tipo de sistema secreto que se está probando en dicha base, asimismo, no podemos corroborar al 100% que no se trate de un CGI (imagen por computador), sinceramente y en mi experiencia personal, no lo puedo desmentir al 100%, pero es curioso que en la filmación pasen varios pájaros delante del objeto a gran velocidad, algo que si fuese un CGI, dificultaría su elaboración innecesariamente ya que no aporta realismo más que para aquellos que solemos observar ciertos detalles.

Pero, claro, nada es descartable, como tampoco podemos descartar las filmaciones históricas y fotografías que cerca de esa base mostraban ya OVNIs cuando la técnica de los CGI ni siquiera había aparecido.

Incluso uno de los comentaristas de la FOX, parecen estar de acuerdo con la teoría del OVNI o de las naves de pruebas militares

Como siempre, tenemos la desventaja de la duda… algo que “ellos” saben y que utilizan a su favor y en nuestra contra.

Fuente: Mundodesconocido.es

miércoles, 1 de junio de 2016

Descubren metal extraterrestre en una daga de Tutankamón

La civilización egipcia es una de las más fascinantes que han surgido en la historia, en buena medida porque es también una de las más enigmáticas. La solidez de ciertos hechos sustentados por investigaciones arqueológicas e históricas rigurosas se combina con un buen espectro de especulaciones e imputaciones relacionadas con el cariz esotérico indisociable de dicha cultura (el cual se expresa desde sus ritos funerarios o historias míticas hasta la asociación de su desarrollo con entidades suprahumanas como el dios Thot).
En este sentido, la figura del faraón Tutankamón es uno de los símbolos de esa dualidad. Ya en vida, Tutankamón fue suficientemente polémico por su intento, un tanto inexplicable, por sustituir el culto de Amón y el resto de los dioses egipcios por la fe monoteísta en Atón, el “disco del Sol”. Defenestrado por uno de sus generales, Tutankamón terminó así su corto reinado, también a una edad temprana, aunque no acabó su leyenda, pues en la década de 1920, cuando el no menos legendario Howard Carter descubrió su tumba prácticamente intacta, se dijo que sobre ésta pesaba una maldición, la cual afectó a todos los implicados en el hallazgo.

Ahora, Tutankamón vuelve a causar sensación luego de que un grupo de investigadores de la Universidad de Pisa, el Politécnico de Milán y el Museo Egipcio encontró que una daga perteneciente al faraón fue forjada con un metal extraterrestre, obtenido de un meteorito que a la fecha se localiza en las cercanías de su tumba.
La composición del arma es de hierro, níquel y, en menor medida, cobalto y fósforo. Tiene además otro elemento desconocido, inexistente en nuestro planeta, relacionado directamente con el origen cósmico del material usado en la forja.

Y fue precisamente por este componente enigmático que los científicos se dieron a la tarea de indagar más sobre la daga. Al saber que en las inmediaciones del recinto mortuorio de Tutankamón se encuentra el meteorito Kharga (descubierto en el año 2000, a 250km al oeste de Alejandría) compararon la estructura química de ambos y encontraron que, en efecto, la daga había sido fabricada con un fragmento de la piedra estelar.
A este respecto cabe mencionar que entre los egipcios existió una amplia tradición de investigar y trabajar con objetos celestes llegados a la Tierra, en muchas ocasiones con el propósito de “transmutarlos”. En este sentido, ciertas hipótesis aseguran que la alquimia surgió en las fértiles riberas del Nilo, como un arte de transformar la “tierra negra” (al-kemia) en una materia valiosa.

Fuente: pijamasurf.com

martes, 31 de mayo de 2016

¿Está de regreso The hum?

El fenómeno sonidos extraños está de vuelta, éstos sonidos fueron captados en mayo de 2016. El misterioso sonido sigue aún sin una explicación lógica de lo que pueda emitir esos extraños sonidos alrededor del mundo.

Fuente: Extranotix.com